Los presagios anunciaban un día de nubarrones densos y cielo atormentado, aunque con lluvias escasas. La temperatura, algo fresca, resultaba ideal para caminar. Los chaparrones de los últimos días han transformado el campo en una espesa alfombra verde, salpicada por el rojo de las amapolas que se entrelaza con el moteado generoso de las margaritas blancas y amarillas. Los pájaros, revolucionados con sus cantos anunciadores de esta fértil primavera, ponían el acento final a una mañana perfecta para el senderismo.
Y así ha sido, y así os lo cuento.





