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domingo, 10 de mayo de 2026

Crónica de una mañana en la Vía Verde Malena

Los presagios anunciaban un día de nubarrones densos y cielo atormentado, aunque con lluvias escasas. La temperatura, algo fresca, resultaba ideal para caminar. Los chaparrones de los últimos días han transformado el campo en una espesa alfombra verde, salpicada por el rojo de las amapolas que se entrelaza con el moteado generoso de las margaritas blancas y amarillas. Los pájaros, revolucionados con sus cantos anunciadores de esta fértil primavera, ponían el acento final a una mañana perfecta para el senderismo.

Y así ha sido, y así os lo cuento.


Tenía ganas, desde hace tiempo y por varios motivos, de comprobar el estado de nuestra Vía Verde Malena y el tramo de conexión por la orilla del arroyo de Tocón (o de los Molinos) con La Presa de Villanueva Mesía.

A buen ritmo y bien abrigado —ya que a primera hora el frío se hacía notar—, Muesli y yo afrontamos las rampas que suben desde Villanueva, pasando por el Tanatorio, hasta el Mirador de la Macarena. Desde allí tomamos el sendero, recién desbrozado por el compañero Agustín, que baja hasta el antiguo trazado ferroviario. Es esa vía, hoy abandonada, que conectaba Loja con Granada a través de aquel pintoresco tren que los vecinos llamábamos "el Corto de Loja".


¡Qué pena haberlo perdido! Se ha apostado —y se sigue apostando— por la alta velocidad (AVE y sus variantes); trenes que vemos pasar fugaces ante nuestras narices, pero que por desgracia no podemos usar, privándonos de los beneficios que el tren convencional nos aportaba. "¡En fin, qué le vamos a hacer!", pienso mientras mis pasos resuenan sobre el viejo trazado convertido ahora en nuestra Vía Verde. Es una cantinela repetitiva que siempre por este sitio ronda en mi cabeza.


Pasamos por los restos del Apeadero Viejo, la zona de Talancos y el tramo más selvático de la vía, ya en término de Íllora. Cruzamos por el paso-tubo inferior que conecta de nuevo el camino hacia Tocón, ahora entre olivos, hasta alcanzar el gran puente del AVE que se construyó para salvar el arroyo de los Molinos. Para que no haya líos con esto de los nombres, comento que el arroyo de los Molinos, que nace en Montefrio a los pies de la Sierra de Parapanda, cambia su nombre a su paso por Tocón, lógicamente por el de arroyo de Tocón


Atravieso con cuidado bajo la estructura. Se nota que, en días pasados, el arroyo bajó con una fuerza inusitada haciendo auténticos estragos: ha descarnado el cauce y borrado el carril. Sin embargo, donde hace no mucho discurrían aguas putrefactas por los vertidos, la lluvia —que ha hecho daño en algunos puntos— nos regala hoy
aguas límpidas y claras que fertilizan la tierra.


Camino campo a través, pegado al cauce, disfrutando del sonido del agua impetuosa y alegre que fluye hacia el paraje de Turilla y, finalmente, a la Presa, donde desemboca en el río Genil. El gran río se muestra hoy majestuoso y muy caudaloso. "¡Agua para el embalse de Iznájar!", pienso con alegría.

Dejo atrás la Presa y sigo por el carril flanqueado de grandes pinos, álamos blancos, olmos, retamas y otra vegetación de ribera. Allí, ocultos a la vista pero no al oído, los pájaros cantan con un frenesí asombroso. Echo mano de la aplicación Merlin (un regalo de Eva) y logro identificar hasta doce especies diferentes mientras camino. Estoy fascinado con este nuevo empeño mío de poner nombre a los cantos: el jilguero, el pinzón, el ruiseñor común, el cetia, la curruca capirotada, la cabecinegra y la mosquitera, el mirlo, el abejaruco, el estornino, el verdecillo y el chochín paleártico... ¡Doce en total! Un auténtico lujo para un novato como yo.


Continúo a la vera del canal hasta el Cortijo del Guarda, paso junto al Cortijo Leanes y el del Molino Don Felipe, para acceder finalmente por la Cruz del Visillo a las calles del centro de Villanueva Mesía.


Han sido 13 kilómetros en tres horas y media de disfrute absoluto. Me siento un ser  privilegiado...

Ver álbum de fotos de la ruta aquí>>>

Ver track con el recorrido>>>

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso relato, Luis, fruto de esa preciosa Vía Verde Malena, así, con mayúsculas, que con tanto esfuerzo tú, Agustín y Aurelio estáis dejando de dulce. Enhorabuena por tu relato, amigo.