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martes, 18 de octubre de 2016

Un regalo de la Madre Tierra

Vértice geodésico del Tajo del Sol en la Sierra de Madrid

Hoy tocaba explorar parajes y nuevas posibilidades de la Sierra de Madrid (Íllora) y en concreto había llegado el momento de descansar de la subida hasta el vértice geodésico ubicado en el Tajo del Sol que cuenta con un lugar privilegiado para contemplar la cara sureste de la Sierra de Parapanda.
Sierra de Parapanda
Después de disfrutar de tan magnífico mirador, empezamos a quejarnos de lo "guarra que es alguna gente". No hay punto estratégico en la montaña que no esté contaminado de restos de cáscaras, plásticos y otras lindezas. En fin, ¡qué le vamos a hacer!

Terminadas las habituales protestas, echamos mano a la bolsa de plástico que siempre llevamos preparada para esto y pasamos un ratico recogiendo todo lo que encontrábamos, siendo esta nuestra pequeña contribución activa para mejorar nuestro entorno. Mientras unos ensucian, a otros les toca limpiar. Al poco rato, todo estaba relucientemente natural, la bolsa de residuos en la mochila y nosotros dispuestos a reemprender el regreso.

Siluetas giran en el cielo
De pronto, unas inesperadas siluetas se recortan en el cielo, sombras inmensas emergen del tajo y empiezan a girar cogiendo altura, círculos concéntricos que van agrandándose con nuevos ejemplares. Primero son una decena, luego contamos hasta 23 buitres negros, y dos nuevas bandadas van uniéndose a tan singular baile, hasta cubrir el cielo, llegando de diferentes puntos y creciendo paulatinamene. Al final, y con mucha dificultad llegamos a contar más de 60. Lo nunca visto por estos parajes.
No nos queda más remedio que quedarnos boquiabiertos, saltar entre las piedras buscando mejor perspectiva y darle a la cámara sin parar, y es que nunca habíamos tenido la suerte de contemplar tan maravilloso espectáculo y además en primera fila.
Siguen girando en espiral en el cielo, realizando un fabuloso baile sincronizado que te engancha hipnóticamente, allí se quedan como saludándonos mientras empezamos a caminar resistiéndonos a irnos entre los pinos.

No nos queremos ir, y al final surge una sonrisa después de sentir la idea que se viene a la mente:
"La Madre Tierra nos agradece nuestro pequeño esfuerzo anterior, haciéndonos este bello regalo. ¡Gracias, Eywa!"

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